Toda persona debería de tener ciertas aspiraciones, es decir, un objetivo por el que luchar, por el que darlo todo. Nacemos pensando que todo saldrá bien, que todo lo que nos rodea es de algodón de azúcar, y según crecemos, nos vamos quitando el vaho de los ojos para empezar a ver las cosas un poco más claras.
Cuando eres pequeño, un abanico de posibilidades se abre ante ti, y entonces empiezas a elegir qué hacer y qué no hacer, pero muchos simplemente dedican el tiempo a hacer algo solamente porque les llama la curiosidad. Con el paso del tiempo de tantas cosas que te parecían lo ideal de pequeño, te quedas con las que verdaderamente van contigo, pero de todas maneras, si esto no ocurre ahí estarán tus padres para aconsejarte que hagas lo que más te guste (típica frase de nuestros padre que trae consigo distintas excepciones).
Cuando ya sabes lo que quieres hacer y comienzas a mostrarte tal y como eres, te cruzas con las personas que se dejaron llevar por otros, las que fracasaron, o las que simplemente deciden
amargarte el día. Son los llamados verdugos de sueños, a los que apodo así porque se intentan mostrar imparciales en las opiniones, pero en realidad lo que les pasa es que tienen
secuelas que intentan borrar a base de pensar que como ellos no lo consiguieron, no lo puede conseguir nadie, y entre otras cosas, no les gusta para nada la idea de que tú luches por tus
sueños. Dicen que eso que intentas conseguir es muy difícil, y que sólo algunos privilegiados pueden conseguirlo, y para rematar la faena aseguran decírtelo por tu bien, porque no quieren que pierdas el tiempo... y aquí es donde yo me río.
En la órbita de lo importante, están las personas que creen en ti, las que son el combustible de la vida, porque sin ellos está claro que nos apagaríamos, no aguantaríamos ni un solo asalto.
No les importa que te equivoques, simplemente están ahí cuando los necesitas, y siempre te apoyan en todo.
Como toda actividad, esta tiene sus partes buenas y sus partes malas, es decir, que a veces te llevas un palo del que aprendes, o tienes un mal día y piensas que todo está mal..., y en ocasiones, incluso sin quererlo, te rodeas de tentaciones de las que te tienes que separar si lo que quieres es ser bueno en lo tuyo.
Y desde mi punto de vista, la mejor medicina para estos síntomas es pensar que todo va a salir bien, y creer en ti. Aquí es donde se demuestra si una persona vale o no, ya que aquel que después de ser derribado se levanta y sigue luchando es aquel que está en el andén adecuado para coger el tren con destino a donde tu quieras.
Pero a pesar de todo, los supuestos ‘elegidos’, como los denominan los que no han llegado a ningún sitio, en mi opinión, no son más que aquellas personas que sólo se dedican a disfrutar de lo que hacen, y no les importa que a otros les parezca una locura.
Mucha gente es de la opinión de que hay que ser un privilegiado para poder llegar alto, pero en realidad lo único que hay que ser es de verdad, es decir, hay que luchar siempre por lo que uno
quiere sin importarte lo demás y siempre teniendo en cuenta que en el remoto caso de que no llegues a donde quisieras llegar, siempre estarás tranquilo porque no te quedaste en el camino, sino que lo intentaste y lo conseguiste, conseguiste saciar esa sed de confianza.
Muchos seguimos luchando por nuestros sueños, y a diario lo damos todo, pero siempre disfrutando con lo que hacemos, que es lo importante. Si al final del camino llegamos a nuestra meta seremos muy felices, y si no es así, seguiremos siendo igualmente felices al comprobar que esto que he escrito aquí es cierto.
J.MUÑOZ

1 comentario:
Pero como dijo el sabio: " Si la vida te da la espalda ,cogele el culo"
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